¿EL PODER ES PARA PODER MATAR PACIENTES CON CÁNCER?

Quimio 2

* Dora Villalobos Mendoza

A estas alturas nadie duda que durante el Gobierno que encabezó César Duarte Jáquez en Chihuahua la corrupción llegó a niveles escandalosos.

Nadie duda que el exgobernador y algunos de sus excolaboradores se llevaron cientos de millones de pesos, miles de millones de pesos, del erario público.

La avaricia fue tal que crearon su propio banco para sacar el dinero del Gobierno y manejarlo a su antojo.

Compraron ranchos, residencias, ganado, maquinaria. Hicieron negocios, muchos negocios. Dieron rienda suelta a su ambición.

No hay chihuahuense que se haya quedado sin comentar algo sobre la corrupción en el Gobierno de Duarte. Lo comentan en oficinas, restaurantes, consultorios, salones de belleza, talleres mecánicos, supermercados, abarrotes, farmacias, gimnasios, boutiques. Lo comentan en cada rincón del estado. Lo comentan entre familiares, amistades, compañeras y compañeros de trabajo, profesionistas, estudiantes, políticos y políticas, deportistas, maestros y maestras. Lo comentan hombres y mujeres, jóvenes y mayores.

Como no sabemos a ciencia cierta cuánto dinero robaron, algunas personas magnifican los negocios y magnifican los montos. Otras se quedan cortas. No dan crédito a tanta desfachatez.

Conforme se supo del latrocinio, creció la desconfianza, la indignación, el enojo, los reproches, el rechazo, la inconformidad, la exigencia, la irritación.

Hasta hace poco toda esa indignación estaba relacionada sólo con dinero. Dinero del pueblo que robaron nuestros gobernantes. Mucho dinero. Hasta hace poco, cuando las y los chihuahuenses comentaban sobre la corrupción, se referían únicamente a dinero: Negocios, ranchos, residencias, ganado, maquinaria.

Pero la situación cambió. La corrupción llegó a otro nivel. A uno que supera el dinero. A uno que jugó con la vida de pacientes con cáncer.

Ahora que sabemos que entre los negocios que hicieron durante la administración de Duarte Jáquez estuvo la alteración de medicamentos para pacientes con cáncer, nos quedamos pasmados, pasmadas.

La indignación, la irritación y el coraje no son suficientes para expresar el malestar que provoca una atrocidad como esa.

¿Qué mente tan retorcida es capaz de alterar el contenido de las quimioterapias, para ganar dinero?

No es película de terror. No es invento. Es la pura realidad. La denuncia que investiga la Fiscalía General del Estado da cuenta de algunos frascos con medicamento alterado que detectaron en el Centro de Oncología. Pero tendríamos que pecar de ingenuidad para creer que sólo alteraron un tipo de medicamento y que sólo lo hicieron en un hospital. ¿Hasta dónde llegará la madeja?

Durante la rueda de prensa que ofreció para informar cómo detectaron los medicamentos alterados, Ernesto Ávila Valdez, secretario de Salud del Gobierno del Estado, minimizó el problema. Cuando le preguntamos cuántos pacientes afectaron y qué tanto los afectaron, el funcionario indicó que todavía no se sabe, que están investigando. En vez de mostrar sensibilidad, hizo un comentario de mal gusto. Dijo que cuando se detecta a tiempo, el cáncer puede ser curable y también aclaró que las consecuencias de esta enfermedad casi siempre son lamentables.

Como si elegir a pacientes con cáncer para darles medicamentos adulterados fuera un alivio. Como si fuera fácil pensar: “De todas maneras se iban a morir”.

No puedo imaginar lo que piensan y lo que sienten las personas que recibieron tratamiento en el Centro de Oncología durante la administración anterior: ¿Las quimios que me dieron serían de verdad?, ¿Será por eso que no mejoré?

¿Y las personas que perdieron un o una familiar que recibió tratamiento en el Centro de Oncología? No puedo imaginar las dudas que atraviesan por su mente: ¿Si le hubieran dado la quimio de verdad, estaría vivo, estaría viva?

¿Cómo canalizamos tanta rabia, tanto malestar, tanta tristeza?

La Fiscalía tiene que destrabar la madeja, tiene que encontrar el último hilo. Sólo si hay justicia podremos encontrar algo de alivio.

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