ISIDRO, EL HIJO DE JULIO

Sin título

Dora Villalobos Mendoza

La historia de Isidro Baldenegro estuvo ligada siempre a su padre, Julio Baldenegro, líder indígena asesinado en 1986 en el municipio de Guadalupe y Calvo, donde se enfrentó reiteradamente al cacicazgo en defensa del bosque de Coloradas de la Virgen.

Siempre hablaba de su padre con admiración. Contaba su historia. Aseguraba que Julio era un hombre con liderazgo natural. Todos en la región lo seguían porque tenía la razón y porque confiaban en él.

Desde que era pequeño, Isidro quería parecerse a Julio. Y lo logró. También lideró la defensa del bosque. También se arriesgó. Se enfrentó a los caciques. A los talabosques. A las autoridades agrarias y a las policiacas. Y en los últimos años se enfrentó también al crimen organizado. Al final lo asesinaron, igual que a Julio.

Padre e hijo dedicaron su vida a defender no sólo sus pinos y su tierra. También la cultura, la historia y las tradiciones de los pueblos indígenas. Ambos eran celosos de sus ideas, de su lengua y de sus yerbas.

Una vez Isidro me aseguró que los curanderos de Coloradas de la Virgen tienen la cura del cáncer y de muchas otras enfermedades desde hace muchos años, pero no lo dicen porque saben que en ese instante saquean la Sierra Tarahumara.

Ambos, Isidro y Julio, fueron asesinados por la misma causa. Siempre peleando contra los poderes fácticos que dominan la Sierra Tarahumara. Casi siempre ignorados por la autoridad que debe resolver la problemática. Y cuando no eran ignorados, eran perseguidos.

Isidro ganó el Premio Goldman y se lo dedicó a su padre. “Ojalá viviera. Él merecía más este premio”, comentó más de una vez.

Fuerza Ambiental cobijó mucho tiempo a Isidro. Ganó y perdió muchas batallas al lado de Hermenegildo Rivas, tarahumara callado, arriesgado, asertivo.

Estuvieron juntos cuando bloquearon la carretera para que no salieran los camiones cargados de madera de Coloradas de la Virgen. También estuvieron

juntos cuando los acusaron de transportar droga. Y estuvieron juntos cuando los detuvieron y los llevaron a la cárcel de Chihuahua, donde permanecieron varios meses.

Ahí creció el liderazgo de Isidro. Resistió hasta que su causa trascendió el estado y el país. La conoció Amnistía Internacional, organismo que lo nombró “Preso de Conciencia” y lo hizo más famoso.

La fama no le hizo bien. Un tiempo trastabilló. Pero nunca dejó la lucha. A su manera, Isidro se opuso siempre a la tala del bosque. Estuvo siempre pendiente de su pueblo. Aunque estaba desplazado, nunca dejó de ir a Coloradas de la Virgen. Y allá quedó, en su tierra, con su gente.

Descanse en paz.

One thought

  1. Requerimos un nuevo Lázaro Cárdenas que se preocúpe del pueblo y se ocupe de las autoridades que deberían hacerlo.
    Es decir que el M.P. no sea sólo de papel y totalmente parcial o rebasado por los delincuentes
    Ya me ha tocado vivir algunos casos de la Sierra y siempre es la misma -los chabochis siempre se apropian de los bosques y ven la manera dr explotar a los Raramuris-

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