¿HASTA DÓNDE SEREMOS CAPACES DE REACCIONAR CON LA TRAGEDIA DE MONTERREY?

Dora Villalobos Mendoza.

La tragedia de Monterrey debe movernos a la reflexión. El video donde se ve a un adolescente disparándole a la maestra y a varios de sus compañeros en una escuela, no puede pasar desapercibido. Nos debe conmover. Nos debe preocupar. Nos debe indignar. Nos debe doler. Nos debe destrabar. Nos debe sensibilizar.

Las y los expertos en psicología, psiquiatría, sociología y otras profesiones humanísticas pueden explicar con autoridad las causas de este drama. Pueden hurgar en el historial personal, familiar y social del muchacho que decidió acabar con la vida de otras personas y la suya propia.

Pero usted y yo tenemos otra tarea. Debemos hurgar en nuestra propia vida. La personal, la familiar y la social. Seguramente no le vamos a disparar a nadie. Pero le aseguro que no estamos lejos de la depresión, la apatía, la indiferencia, la enajenación, la flojera, la idolatría, la discriminación, el fanatismo, la ambición y muchas otras enfermedades que también nos matan. Nos matan las ilusiones, los anhelos, la creatividad, la solidaridad, el compromiso, el esfuerzo, la compasión. Y lo más grave, nos matan la conciencia.

Podemos culpar al Gobierno, al sistema, al capital, a las y los políticos, a los ricos, a los poderes fácticos, al crimen, organizado y desorganizado. No nos falta razón. Pero el cambio nunca viene de arriba. Ni gratis. Ni solo. Ni automático. El cambio siempre lo han logrado las y los de abajo. Con mucho esfuerzo. Con mucho compromiso. Con mucha conciencia.

¿Cómo? Participando, informándose, organizándose, inconformándose, comprometiéndose. En colectividad.

Debemos decirle a la juventud que hay esperanzas. Que sí se puede. Que luche. Que sueñe. Que se esfuerce. Que estudie. Que lea. Que se comprometa. Que vale la pena tener ideales.

Pero tenemos que poner el ejemplo. Ser congruentes. Las mamás, los papás, las y los abuelos, las y los tíos, las y los maestros. Todo mundo. La generación que va de los 50´s a los 80´s tenemos una gran deuda con la sociedad.

Andamos entre los treinta y los sesenta años. En plena madurez. Es nuestro turno de aportarle a esta sociedad. Pero estamos fallando. Algo no estamos haciendo bien. Nos quejamos mucho, pero no nos movemos. Exigimos mucho, pero no nos comprometemos. Criticamos mucho, pero no nos organizamos. Protestamos mucho, pero desde la comodidad de la casa, del restaurante, del Facebook.

¿Quién dijo yo?, ¿Quién inicia?, ¿Quién se atreve?

Ojalá esta tragedia que ocurrió en Monterrey no quede en lamento, en anécdota. Ojalá nos mueva. Ojalá nos estruje. Ojalá nos active.

2 thoughts

  1. Completamente de acuerdo con la reflexión. Hay que accionar conductas y no solamente lamentar porque los cambios suceden cuando hacemos las cosas no tanto cuando las intelectualizamos.

  2. Motivador, crítico y reflexivo tu artículo, estimada Dora. Cuando en Estados Unidos ocurrieron desgracias similares, pensamos “aquí eso nunca va a pasar por que los mexicanos no tenemos accesó a las armas, como allà”, entre otras razones. Y ya sucedió. Por eso, creo yo, debemos dejar la apatía o comodidad del “a mi eso nunca me va a pasar”. En efecto, eso es lo deseable, pero entonces el pragmatiamor debe exclamar: qué hago yo como padre, profesionista y ciudadano para desactivar potenciales estallidos de violencia? El verbo es “hacer” desde nuestra respectiva posición en la vida.

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